ELLES NO ES SUFICIENTE

Sesgo masculino, Diseño de la autora

Artículo por @raquelpcanos, Founder & CEO at @unbenannt.shop

Cuando empezó a molestarme el uso del masculino genérico como neutro me propuse llegar hasta el fondo del asunto porque no podía ser abordado de manera aislada.

El lenguaje construye realidades y por eso el uso de formas con el propósito de hacerlo más inclusivo ha devenido en fórmulas como “l_s”, “lxs” y “l@s” para designar a “las” y “los” lo cual invita a la reflexión.

 Primero porque no es accesible y universal.   

 ¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo leería esto un mapa auditivo para personas invidentes?

 

Segundo porque junto al uso de “les” son convertidos en argucias políticas e incluso en motivo de sorna.

El uso de este tipo de fórmulas ayuda a visibilizar una nueva aproximación, abre un nuevo debate, lo cual es tremendamente necesario para construir un mundo que tenga en cuenta al otro 50% de la población mundial pero no es la vacuna.

Me gusta usar el ejemplo de una tirita.

Se ve, ocasiona preguntas, pero es ineficaz por si sola para una enfermedad sistémica sobre todo porque va más allá del uso de la ‘e’ en sustantivos.

Se trata de incluir a la otredad en la construcción del pensamiento y del habla.

 

El uso del masculino como genérico o neutro nos lleva al masculino la inmensa mayoría de veces aunque la RAE indique que “El uso genérico del masculino gramatical […] no supone discriminación sexista alguna”.

Curioso ¿verdad? Teniendo en cuenta que cuando usamos “médico” nos llevará antes a un hombre que a una mujer y esto ocurre no solo en aquellos idiomas en los que existe declinación de género.

No es de extrañar tampoco que esta aseveración provenga de una institución que desde su fundación, hace mas de 300 años, ha contado entre sus filas con 486 académicos de los cuales solo 11 han sido mujeres.

 Unsplash

Esto ejemplifica de manera muy clara el quid de la cuestión: el sesgo masculino.

El pensamiento masculino por defecto en una sociedad donde el 50% de la población mundial no lo es, es un rasgo propio de la psicología humana: suponer que las experiencias propias reflejan las de los seres humanos en general.

A esto se le denomina “realismo ingenuo”. Esto en el caso de hombres blancos cishetero se amplifica por una cultura que les devuelve el reflejo de su experiencia entendiéndola como la norma.

La visión del hombre como el ser humano por defecto tiene una importancia fundamental en la estructura de la sociedad humana.

Aristóteles en el S.IV ya se refería al hombre como un hecho indiscutible y a la mujer como una “desviación” aberrante (aunque de necesidad natural) en su tratado de “Generación de los animales”.

 

Aristóteles, Google Images

¿Cómo se materializa el sesgo masculino y por qué es tan importante conocer que vivimos en un mundo regido por él?

Vamos a configurar un mapa sobre el sesgo masculino en el que, efectivamente, observaremos la tirita del lenguaje.

 

Las mujeres somos invisibles

Ante una catástrofe como un tsunami o un terremoto una mujer tiene bastantes más probabilidades de morir no por la catástrofe en sí, sino por una sociedad que no tiene en cuenta como restringe, debido al género, su vida.

Por ejemplo, los hombres indios tienen mas probabilidad de sobrevivir a un terremoto nocturno porque duermen (o “pueden permitírselo”) en los tejados de la casa. Algo impensable para una mujer.

En Sri Lanka se enseña a nadar y a trepar árboles a los varones ¿qué pasa ante un tsunami como el de 2004?

Que mató hasta cuatro veces más mujeres que hombres.

Aunque Bangladesh tiene el octavo nivel más bajo de diferencias de género en término de empoderamiento político en el mundo y ya se habla de él en término de que es un ejemplo de manual de lo que se puede lograr cuando las mujeres participan en la toma de decisiones también existió (y es probable que continue) prejuicio social en que las mujeres aprendan a nadar y esto se ve agravado por el hecho de que tampoco se les permite salir solas de casa sin ir acompañadas de un pariente masculino por lo que, no solo tienen menos opciones de sobrevivir al no saber nadar si no que las opciones a veces se reducen drásticamente cuando pierden un tiempo esencial esperando a un hombre para ser evacuadas.

Nuestra biología no nos impide nadar y tampoco nos predispone ni está relacionada con limpiar o cuidar pero al identificarnos desde niñas bajo el sexo femenino (con todos esos rasgos que han construido nuestro género a lo largo de la historia), se nos educa para ello.

En los dos últimos años debido al coronavirus que, entre todas sus hazañas, ha puesto de manifiesto muchas ocupaciones infravaloradas que han resultado ser básicas para el sostenimiento de la sociedad, hemos empezado a hablar sobre la economía de los cuidados y todos aquellos trabajos recogidos dentro de la misma que siempre han estado subestimados (e incluso estigmatizados).

La economía de los cuidados ha permitido que la fuerza de trabajo se desarrolle a lo largo de la historia moderna.

El sesgo implícito se basa en el supuesto de que el empleado tiene en casa a una esposa que se ocupa del trabajo doméstico y del trabajo de los niños.

Y no solo por esto es que no podemos prescindir del trabajo invisible y no remunerado que realizan las personas cuidadoras si no que debemos tomarlo como la clave en la construcción de una nueva economía.

Para ello es estrictamente necesario resolver las deficiencias de un mercado que representa en su mayoría a mujeres que trabajan con baja protección social y laboral.

Earthquake, Unsplash

…pero también somos "visibles"

Encontramos propuestas gubernamentales como la planificación urbana que no tienen en cuenta aspectos tan básicos como que, los espacios públicos se convierten por defecto en espacios masculinos.

Por ejemplo el transporte público de Delhi en 2014 se clasificó como el cuarto más peligroso para las mujeres tras el caso de la violación en grupo.

También arriba hablábamos de contextos de catástrofe pero…

¿qué pasa tras una catástrofe?

Unsplash

Que siguen habiendo un montón de refugios anticuados mixtos sin privacidad que, en la práctica y para una mujer, la privacidad es a todas luces seguridad. Una mujer en un espacio mixto sin estar acompañada de un hombre en Bangladesh es blanco legítimo de cualquier acoso sexual.

Esta situación no se queda en la puerta en los campos de personas refugiadas. La remota (y oscura) ubicación de las letrinas mixtas, ausencia de pestillos, duchas o dormitorios separados hace que muchas mujeres, entre otras cosas, opten por no comer y no beber e incluso por usar pañales de adultos.

Lo “mixto” tampoco soluciona el problema de la violencia sexual aunque evita la exposición, ya que aquellas personas que debe proteger a mujeres en estado de vulnerabilidad máxima las obligan (porque creen tener el derecho) a mantener relaciones sexuales a cambio de suministrarle las raciones de alimentación diarias.

La biología femenina no es la razón por la que se viola a una mujer. No sucede debido al sexo si no al género y los significados sociales que se han impuesto sobre los cuerpos masculino y femenino. La simple visión de un cuerpo femenino suscita una serie de comportamientos porque intrínsecamente les hemos atribuido unos rasgos: alguien a quien poder silbar, alguien a quien poder violar.

Y terminaré como empecé, porque el lenguaje construye realidades frases célebres como la de “ni machismo ni feminismo” no tienen cabida si queremos construir un mundo más inclusivo, igualitario y universal.

Primero porque se desprende que no se ha entendido lo que es el feminismo y no tomar parte, es situarse a favor del opresor y segundo porque el sesgo masculino afecta a cualquier concepción relacionada con la vida digna de las mujeres.

No vemos la discriminación sexual porque la hemos normalizado.

Fuentes: Arainfo

Caroline Criado Pérez, La Mujer Invisible (este artículo pretende condensar mucho del aprendizaje obtenido tras la lectura de su libro).