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Artículo por @raquelpcanos, Founder & CEO at @unbenannt.shop

 

Me defino como idealista y en consecuencia activista.

Empiezo con esto porque creo que nos hace falta entender la profundidad de cierta terminología. Acostumbro a escuchar de manera recurrente, incluso despreciativa, que soy activista.

No me ofende, pero intentar invalidar mis argumentos y reflexiones atribuyéndome este adjetivo es no haber entendido el papel de extra que nos brinda el sistema.

 

Empecemos por el principio: idealista.

No desde un punto de vista ontológico puesto que el idealismo se define como la familia de teorías filosóficas que afirman la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente.

Más bien, estoy hablando de un idealismo desde una perspectiva sociológica o cómo las ideas humanas, especialmente las creencias y los valores, dan forma a la sociedad.

Esto es clave para entender el proceso de aprendizaje en el que nos encontramos -quiero pensar que la inmensa mayoría- y cómo de importante es trabajar la educación desde diferentes prismas para obtener un conocimiento global, una visión sistémica.

Esto es la piedra filosofal que abre la puerta a la inteligencia colectiva. Esa que acabará con la incapacidad de pensar de forma compleja.

¿A qué me refiero cuando hablo de pensar de forma compleja?

Lo primero entender que el conocimiento e informaciones fragmentadas nos vuelven más manipulables conduciéndonos hacia una actitud reactiva y por supuesto a la deriva en situaciones de crisis, alertas, emergencias, pandemias, totalitarismos y populismos entre otras cosas.

Por tanto, la incapacidad para entender las relaciones sistémicas existentes nos limita a la hora de preverlos y procesarlos. Por supuesto tampoco nos permite aportar soluciones con la complejidad y magnitud que requieren. 

La siguiente pregunta sería… ¿en qué punto estamos?

Existiendo. El capitalismo y el neoliberalismo nos ha despojado de nuestras capacidades –esas que sustentan el pensamiento complejo- por muchas razones y con muchos instrumentos.

Y digo existir refiriéndome a zoé la acepción que los griegos tenían para expresar el simple hecho de vivir común a todos los seres vivos (no confundir con bíos, que refiere a la forma o manera de vivir propia de una individua o individuo).

¿Qué hacemos para dejar de existir y empezar a vivir?

Voy a intentar darle una respuesta no desde un punto de vista biopolítico1, sino más bien desde mi propia definición como idealista con perspectiva sociológica.

Lo primero que deberíamos conocer es el punto en el que estamos; este es cargándonos el planeta.

Sí, al igual que el neoliberalismo tiene sus límites –lo estamos empezando a observar con los últimos acontecimientos- el planeta tiene límites biofísicos.

Global Footprint Network indica que consumimos recursos terrestres equivalentes a 1,7 tierras al año y WWF apunta que para 2030 serán dos tierras, y para 2050 tres.

Consumimos y producimos por encima de la capacidad del planeta para renovarse.

Por tanto, comprendiendo la finitud de los recursos terrestres, deberíamos apostar por el bien común, el bienestar y la vida digna y ponerlos en el centro del modelo económico.

Ok, pero esto no es cosa mía, es del Gobierno.

Bien, esta es la respuesta que esperaba que tuvieras porque es precisamente la que se ha configurado desde el sistema. Pasas a existir ¿recuerdas?, tu vida está en manos del sistema.

Por mucho que la sociedad de consumo nos imbuya en un hiperlink infinito de satisfacciones materiales e individuales debemos ser muy conscientes de que ni son tan necesarias, ni tan sólidas y además nos sitúan en un círculo vicioso del que no salimos muy bien parados:

Inútiles sin capacidad ni ganas de pensar que como consecuencia están cargándose su propia existencia porque habitan en un planeta que están masacrando.

Afortunadamente –y lo digo con un sabor amargo debido a lo mucho que habla de nosotres- la naturaleza nos da constantemente masterclass de resiliencia.

Naomi Klein, en una reciente entrevista indicaba:

«Necesitamos catalizar una transformación masiva hacia una economía basada en la protección de la vida».

Precisamos un cambio sistémico que haga real el «piensa globalmente y actúa localmente» para descubrirnos integrando en armonía intereses diversos, incluso divergentes.

A propósito de lo glocal

¿Sabías que por cada cien euros gastados en una gran superficie solo un 14% se queda en la comunidad donde se inserta –por sus políticas fiscales y de maximización del beneficio– mientras que si los gastamos en el pequeño comercio es un 45%?

 

Ahora más que nunca, nuestra economía, las pymes y autónomos necesitan nuestro consumo para reforzar nuestras economías locales.

- Extracto del artículo de Brenda Chávez para Ethic

Empezar a entender el poder que tenemos es clave para ponernos en marcha.

Portrait_raquelpcanos

 

Necesitamos estar a la altura. Desprendernos de todo lo que nos ata a este mundo y observar las cosas con la objetividad que lo haría el mismísimo pueblo si fuese posible que se encarnase en una única persona.

Necesitamos altura de miras. Los gestores, la clase política, las marcas y la ciudadanía, para resolver conflictos en vez de polarizarlos. Administrar no solo el dinero, sino la existencia y el futuro común.

Necesitamos pensar en el largo plazo y el interés general, no únicamente en las ambiciones particulares, corporativas o partidistas

Necesitamos desacelerar para construir sosteniblemente.

Necesitamos volver a pensar por nosotres mismes.

 

 

1 Foucault define el concepto biopolítico como la gestión política de la vida. La intervención del poder en la vida humana.