UN VIAJE POR... EL FEMINISMO

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Entrevista a Patricia Moreno Barberá, Periodista, freelance copywriter & communication strategist. Personal project @somosunasexageradas.

U: ¿Es el dimorfismo sexual clave en la construcción del sujeto? ¿O es el sistema y sus normas y preceptos quienes nos han inculcado cómo debemos vivir y entender nuestro género?

P: Sin duda, estamos en tiempos convulsos, en los que debemos proteger los derechos adquiridos y no cesar en pelear por los que están pendientes. Hay muchas fuerzas y voces que atentan contra la democracia y tienen en las ‘fake news’ una herramienta muy poderosa.

En el último año en España, se ha visto cómo el feminismo institucional se desmarcaba del feminismo interseccional: aquél basado en que las distintas opresiones –por género, por raza, por clase social, por identidad u orientación sexual– están conectadas, se cruzan y refuerzan entre sí.

Un feminismo que excluye de su lucha –y ni siquiera reconoce– a las mujeres trans no merecería llamarse feminismo. Esa fue la gran lección del feminismo de los años 70. Para mí es sencillo: si crees que el hecho de que un colectivo defienda sus derechos perjudicará a los tuyos, lo que estás intentando proteger no son tus derechos, son tus privilegios.

Por otra parte, el concepto “dimorfismo sexual” me resulta bastante academicista y, si me permites, deshumanizante. A mí, como periodista, me gusta leer a autoras y autores, sí, pero sobre todo empaparme de las experiencias personales de quienes personifican esos conceptos.

Twitter es una gran plataforma para ello. Tengo claro que debemos empezar a revisar el mundo, uno en el que las personas cisgénero parecemos la norma y las personas trans “lo otro”. Las personas trans deben ocupar espacios culturales, sociales y políticos, y deben hacerlo porque existen. Porque están en su derecho. Es un tema de derechos humanos. Y lo mismo ocurre con todas las sexualidades disidentes. Se nos han querido asignar etiquetas estancas cuando el ser humano es como la naturaleza: fluye, evoluciona, es cíclico.

Está claro que a un sistema le interesa ese estatismo, porque el heteropatriarcado asegura orden, control, predictibilidad.

 

U: Apoyándonos en Foucault, quien expone a lo largo de su obra una visión constructivista del sujeto, nos gustaría conocer si consideras a toda esa serie de normas, leyes y prohibiciones los males endémicos de este sistema patriarcal, heteronormativo y colonialista.

P: Hay un modelo hegemónico que dista mucho de la realidad, que es la diversidad.

El mundo se ha construido a la imagen y semejanza de un hombre cisgénero, heterosexual, blanco, sano y europeo.

 

Si hemos llegado hasta aquí con ese prototipo en el poder y hemos pasado por dos guerras mundiales, hay una emergencia climática irreversible y la desigualdad campa a sus anchas en cualquier esfera de la sociedad, está claro que la fórmula no ha funcionado. Ese debería ser motivo suficiente para probar otras. Insisto en el concepto de diversidad, una palabra muy empleada en los últimos años, también dentro del capitalismo. La diversidad tiene que tratarse como lo que es, la verdadera normalidad, y estaré a favor de todas las palancas empleadas para favorecerla y lograr que las fuerzas resistentes y reaccionarias cedan, como la determinación de los Oscar de exigir unos mínimos de diversidad a las películas que compitan a mejor film.

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U: ¿Qué estrategia feminista consideras más efectiva? (construir feminismo contra el sistema o desde dentro del propio sistema)

P: Dicen que las democracias están agotadas y, sin ser yo ninguna experta en la materia, diría que lo que están es amenazadas.

Agotado está el modelo capitalista, concebido por un hombre al que le hacían la cena. Es un modelo productivo que ha demostrado no ser realista, no ajustarse a la diversidad de realidades que coexisten en este mundo y perpetuar desigualdades. Soy de la generación a la que, al entrar a la universidad en plena crisis económica, en 2008, nos decían: “Búscate un trabajo que te encante y no necesitarás vacaciones”. En ese momento caí en sus redes y lo adopté como mantra, ahora, me parece la muestra más vil de capitalismo desmedido.

¿Qué es sino decir a personas que empiezan sus estudios universitarios en una época de crisis que, básicamente, dejen de lado los derechos laborales y se entreguen con los ojos cerrados al sistema –y que si no, otros lo harán por ellos y se convertirán en unos ‘ninis’–?

El otro día leía en Twitter que no hay nada más ‘punki’ que tener un trabajo esencial, que no te apasione, con horario de 9 a 15 y, al salir, olvidarte, vivir tu vida. Ni emails, ni videoconferencias que se alargan, ni ‘afterworks’ para hacer ‘networking’. Por suerte, estamos dándonos cuenta de todas esas trampas del capitalismo, como la centralización: ese imperativo de vivir en las grandes ciudades para tener éxito laboral en según qué carreras. Con todo esto, creo que el feminismo, que abarca también esta realidad y que, por definición, debe ejercer resistencia ante el capitalismo, debe ejercer vigilancia con el sistema.

Ahora, al ‘establishment’ le interesan los movimientos sociales porque han visto su fuerza y la opinión pública, o una parte, pide a las corporaciones y gobiernos que se posicionen. Pero no debemos conformarnos nunca, y menos mientras el poder siga en las mismas manos.

 

U: A principios de los 90 empezamos a escuchar el término Economía Feminista. Este concepto es clave para entender que la desigualdad de género ha concentrado a las mujeres en torno al trabajo doméstico, los cuidados y el trabajo no remunerado. Una subvaloración que no solo se puede observar en las estadísticas laborales, sino que a lo largo del a historia, ha impedido la concepción de la mujer como sujeto activo económicamente dentro del sistema.

¿Crees que el problema del sistema actual es que no se haya, obligatoriamente añadido al hombre en la Economía Feminista o del cuidado? ¿Por qué no pueden ocuparse del cuidado los hombres?

P: El mundo se ha construido sobre la idea binaria de que el hombre es el sujeto productor y la mujer, el sujeto reproductor. La idea de los polos opuestos y complementarios que nos han vendido siempre para observar el mundo es limitante y obsoleta.

El bien y el mal, la razón y la emoción, el hombre y la mujer. Somos más que eso. Pero al orden establecido, como decía, le es favorable controlar, y las etiquetas y polarizaciones ayudan.

Cuando se creó el modelo capitalista, se construyó pensando en un hombre que gozaba de disponibilidad total para dedicarse a su supuesto destino: la producción y el mantenimiento de la familia. Pero en la otra cara de la moneda había una mujer subyugada, a la que no habían dejado más elección que quedarse en casa a cargo del hogar y la crianza.

 

Así pues, ese trabajo invisible, no reconocido y, como dices, no remunerado, era clave para el éxito del capitalismo. Con el acceso de las mujeres al mercado laboral, se habló de la doble jornada: el trabajo fuera y dentro de casa. Es importante educar a las nuevas generaciones en la corresponsabilidad de cuidados en los hogares heteroparentales. Pero debemos también reconocer el trabajo de todas esas personas que siguen yendo a las casas a limpiar, a cuidar a niñas y niños,  a abuelas y abuelos, a personas dependientes. Esas personas suelen ser mujeres, en su mayoría migrantes y pobres. Y están desprotegidas por el sistema, cuando ellas son las verdaderas ocupantes de la base de la pirámide social. Sin ir más lejos, si ellas desaparecen, el congreso se queda vacío en dos días.

 

U: A veces nos olvidamos que cada una de nosotras desde su posición y situación, la que sea, podemos formar parte activa en la construcción de una sociedad igualitaria, ética y justa. ¿Qué gestos has eliminado/incorporado para construir igualdad de género en tu entorno?

P: Aunque sigue siendo duro y a veces el contexto no es favorable, me propongo no callarme ante ninguna muestra de machismo, racismo,  clasismo… He tenido que practicar mucho pero, sobre todo, mortificarme después de morderme la lengua en muchas ocasiones. Eso sí, estoy entrenando ser menos vehemente y más asertiva en los debates. También estoy escuchando a la comunidad trans y racializada tanto como puedo, para encontrar mi lugar como aliada en su lucha, sin ser protagonista, porque no lo soy siendo mujer cisgénero y blanca.

El viaje de desaprender es emocionante y espero que nunca termine.

 

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U: ¿Crees que hacer feminismo es iniciar un camino hacia la reconceptualización de la política a todos los niveles?

P: Absolutamente. Es ser crítica con todo lo que nos ofrece el sistema: desde un diálogo en una serie juvenil o una canción del verano, hasta las relaciones de poder que lo dominan.

 

U: Nos gustaría concluir con una reflexión que arroje luz entorno a lo democrático que es el feminismo y es que, en él, hay espacio para todo el mundo.

P: El feminismo interseccional, en el que yo creo –y diría que debería ser la única forma de feminismo–, asume la interrelación y reúne las luchas de todos los cuerpos oprimidos por el sistema heteropatriarcal. Hay espacio para todos ellos. Fuera, en realidad, se quedarían todas las personas que luchan contra los principios de igualdad y tolerancia. Como dice la paradoja de la tolerancia, si una sociedad es ilimitadamente tolerante, hasta aceptar la intolerancia, dejará de ser tolerante.

 

U: Recomiéndanos una lectura para introducirnos en él y otra para aquellas personas que quieran profundizar un poquito más en el tema.

P: El primero que leí, ’Todos deberíamos ser feministas', de Chimamanda Ngozi Adichie, y el último, 'Mi vida en la carretera', de Gloria Steinem. Por otra parte, estoy interesándome mucho en ecofeminismo y anticolonialismo. En esa línea, tengo pendiente leer 'Tierra de mujeres: Una mirada íntima y familiar al mundo rural', de María Sánchez, y estoy a la búsqueda de nuevos sobre estos temas.

¡Gracias por pensar en mí!

 

© Ilustraciones de África Pitarch @africapitarch